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Genes y deporte: lo que muestra la investigación sobre fuerza, resistencia y talento

Revisado por Dr. Daniel Wallerstorfer, biólogo molecular y fundador de Novogenia · Actualizado: 15 de octubre de 2026 · Tiempo de lectura: 10 min

En resumen

En estudios con gemelos, aproximadamente la mitad de las diferencias de fuerza y resistencia entre las personas se debe a los genes; en el caso de la condición de deportista de competición, la heredabilidad fue del 66 %. Los ejemplos más conocidos son ACTN3, cuya variante funcional es más frecuente en los velocistas de élite, y ACE, cuya variante I es más frecuente en los deportistas de resistencia. Pero ningún gen decide por sí solo: el rendimiento es un trabajo en equipo de muchos genes, y el entrenamiento determina cuánto de él se hace visible. Para tu trabajo, esto significa que los genes muestran tendencias en adultos; no son una prueba de talento ni una predicción.

Cuanto más larga la distancia, más frecuente la variante

Unos investigadores de Londres estudiaron a 91 corredores británicos de nivel olímpico, a partir de un simple enjuague bucal del que extrajeron el ADN. Les interesaba el gen ACE. Contiene el plano de construcción de una enzima que ayuda a regular la presión arterial y el flujo sanguíneo. Una de sus variantes, la variante I, va asociada a niveles de ACE más bajos.

El resultado parece una escalera: cuanto más larga la distancia de carrera, más frecuente la variante I. Entre los velocistas de hasta 200 m representaba el 35 % de todas las copias del gen ACE; entre 400 y 3000 m, el 53 %; y a partir de 5000 m, el 62 %. En 404 deportistas de otras 19 disciplinas, en las que la resistencia no es necesariamente decisiva, la proporción se situaba justo al nivel del grupo de comparación: 50 % frente a 49 % (Myerson et al., Journal of Applied Physiology, 1999).

Eso es precisamente lo que hace tan interesante el estudio: la variante se concentra allí donde la disciplina exige resistencia. El mismo grupo de investigación ya había relacionado antes la variante I con una mayor resistencia en alpinistas de gran altitud y en reclutas del ejército británico (Montgomery et al., Nature, 1998). Y entre 64 remeros de la selección nacional australiana, la variante I también era más frecuente que en la población general (Gayagay et al., Human Genetics, 1998).

Lo que revelan los gemelos sobre el rendimiento

¿Qué parte del rendimiento deportivo está, en conjunto, en nuestros genes? La investigación responde a esta pregunta con gemelos. Los gemelos idénticos comparten todo su material genético; los mellizos, aproximadamente la mitad. Comparando lo parecidas que son las parejas, los investigadores pueden estimar qué parte de las diferencias se debe a los genes.

En el registro británico TwinsUK, 4488 gemelas adultas indicaron si alguna vez habían competido en algún deporte. Las que lo habían hecho a nivel de condado o nacional se consideraron deportistas de élite. La heredabilidad de esta condición de deportista fue del 66 % (De Moor et al., Twin Research and Human Genetics, 2007). Dos metaanálisis muestran cómo se traduce esto en rasgos concretos:

RasgoHeredabilidad en los estudiosFuente
Fuerza muscular (media de 58 mediciones)52 %Zempo et al., Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 2017
Fuerza de prensión56 %Zempo et al., 2017
Capacidad de salto55 %Zempo et al., 2017
VO2max absoluto68 %Miyamoto-Mikami et al., Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 2018
VO2max por kilogramo de peso corporal56 %Miyamoto-Mikami et al., 2018
Rendimiento de resistencia53 %Miyamoto-Mikami et al., 2018
Aumento del VO2max con el entrenamientohasta el 47 %Bouchard et al., Journal of Applied Physiology, 1999

Un punto importante para las conversaciones con tus clientes: la heredabilidad describe qué parte de las diferencias entre las personas de un grupo se debe a los genes. No significa que el 68 % de tu VO2max esté fijado. Y hay un detalle alentador: en la fuerza muscular, la heredabilidad disminuía con la edad, mientras que la influencia del entorno crecía. Con los años, cada vez más está en nuestras manos. Lo distinto que responden las personas al mismo entrenamiento de resistencia lo muestra el estudio HERITAGE, explicado en detalle en Genética en el entrenamiento.

Incluso el hecho de que alguien haga ejercicio con regularidad tiene un componente genético. En un análisis de 37 051 parejas de gemelos de siete países, la heredabilidad de la práctica de ejercicio en el tiempo libre osciló entre el 48 % y el 71 %. Los investigadores sospechan, entre otras cosas, de genes que influyen en cuánto mejora el ánimo el ejercicio de forma inmediata y en lo fácil que resulta (Stubbe et al., PLoS One, 2006). Para tu gimnasio es una idea valiosa: a quien le cuesta entrenar no le falta necesariamente fuerza de voluntad. Puede que simplemente necesite una forma de empezar que le dé alegrías antes.

ACTN3: el gen del deporte más conocido

Alrededor del 18 % de las personas sanas de ascendencia europea no produce ni rastro de una determinada proteína muscular: la alfa-actinina-3 (North et al., Nature Genetics, 1999; Yang et al., American Journal of Human Genetics, 2003). Actúa como un puntal en las fibras musculares rápidas, que generan fuerza en un instante cuando esprintas, saltas o levantas mucho peso. Quienes portan dos copias deterioradas del gen ACTN3 no la producen; una proteína emparentada asume su función y la vida cotidiana transcurre con total normalidad.

En el deporte sí deja huella: los velocistas de élite portan la variante R funcional con una frecuencia significativamente mayor que los grupos de comparación (Yang et al., 2003). Un metaanálisis que resume la investigación sobre ACTN3 y ACE confirma ambos genes: la variante RR de ACTN3 era más frecuente en los deportistas de fuerza (odds ratio 1,21), y la variante II de ACE, en los deportistas de resistencia (odds ratio 1,35). Dicho de forma sencilla, la probabilidad (odds) de portar esta variante era aproximadamente una quinta parte y una tercera parte mayor, respectivamente, en los grupos de deportistas (Ma et al., PLoS One, 2013).

Lo que significa ACTN3 para el aumento de fuerza y cómo encaja la estrategia con la cafeína se explica en la historia del gen Fuerza, resistencia y el gen ACTN3 y en el artículo Nutrición deportiva y de rendimiento de la guía de nutrigenética.

Una orquesta, no un solista

Piensa en los genes como en una orquesta. Cada instrumento toca su parte; ninguno sostiene la obra por sí solo. Un elegante cálculo del Reino Unido lo demuestra: los investigadores seleccionaron 23 variantes génicas relacionadas con el rendimiento de resistencia y se preguntaron qué probabilidad hay de que una sola persona en el mundo porte la forma favorable de las 23. La respuesta: 0,0005 %. En una población simulada de un millón de personas, además, el 99 % no se diferenciaba en más de siete de estos genotipos del perfil típico (Williams & Folland, Journal of Physiology, 2008).

De ahí se derivan dos conclusiones. Primera: prácticamente nadie tiene el genoma de deportista perfecto; cada persona porta su propia mezcla de variantes más y menos favorables. Segunda: la mayoría de las personas están genéticamente más cerca unas de otras de lo que se podría pensar. Lo que marca la diferencia entonces es lo que tú diriges en el gimnasio. Cómo elige Novogenia entre la multitud de genes posibles se muestra en El análisis Performance.

Predisposición y entrenamiento: dos caras de la misma moneda

¿Los campeones nacen o se hacen? Una revisión sopesó el entrenamiento y la genética y llegó a una conclusión clara: el entrenamiento deliberado es imprescindible para el rendimiento de élite, y los genes marcan los límites individuales. El entrenamiento es el proceso mediante el cual se realiza el potencial genético (Tucker & Collins, British Journal of Sports Medicine, 2012).

Para tu trabajo, es un mensaje potente. Cada persona trae su propia orquesta; el entrenamiento es el director. Decide qué instrumentos suenan fuerte y cuáles quedan en segundo plano. Los genes te muestran dónde están los puntos fuertes de una persona y dónde el camino es algo más largo. Cada uno tiene que recorrerlo por sí mismo, y ahí es exactamente donde entras tú. Cómo se ve esto en la práctica se describe en Personalizar el entrenamiento con datos genéticos.

Una tendencia, no una prueba de talento: dónde está el límite

Por fascinante que sea la genética del deporte, ofrece tendencias, no veredictos. De ello se derivan tres límites claros en la práctica:

En Novogenia, un gen solo se incluye en el análisis si al menos tres estudios independientes respaldan el efecto. Por eso, los rasgos genéticos están bien documentados; las recomendaciones que derivamos de ellos son conclusiones lógicas, no están científicamente demostradas. Esta honestidad hace que los resultados resulten creíbles en la conversación.

Lo que esto significa para tu gimnasio y tu coaching

Preguntas frecuentes

¿Qué parte del rendimiento deportivo es genética?
En estudios con gemelos, aproximadamente la mitad de las diferencias de fuerza y resistencia entre las personas se debe a los genes; en el VO2max absoluto, la media fue del 68 %. Esta heredabilidad describe diferencias entre las personas de un grupo. No significa que una determinada parte de tu propio rendimiento esté fijada: el entrenamiento decide cuánto del potencial se hace visible.
¿Existe un gen del deporte?
No, no uno solo. ACTN3 es el ejemplo más conocido; ACE, otro. Pero el rendimiento surge de muchos genes que aportan cada uno solo un poco, y del entrenamiento, la técnica, la nutrición, el sueño y la motivación.
¿Qué significa no producir alfa-actinina-3?
Alrededor del 18 % de las personas sanas de ascendencia europea porta dos copias X del gen ACTN3 y no produce alfa-actinina-3. Esto no causa ninguna enfermedad, porque una proteína emparentada asume su función. La variante funcional es más frecuente en los velocistas de élite. Aun así, cualquiera puede ganar fuerza.
¿Puede un análisis genético identificar el talento?
No. Los genes muestran tendencias, no talentos. Los investigadores en genética del deporte coinciden en que no se debe analizar a niños y jóvenes deportistas para seleccionar talentos o definir su entrenamiento. En adultos, los resultados ayudan a planificar el entrenamiento, la recuperación y la nutrición de forma más personal.
¿Cambia el resultado a lo largo de la vida?
Los genes no cambian, así que el resultado sigue siendo válido. Lo que puede evolucionar es la interpretación científica. Y la investigación trae buenas noticias: en la fuerza muscular, la influencia del entorno crece con la edad, de modo que, con los años, cada vez más está en tus manos.

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